viernes, 8 de septiembre de 2017

Una perspectiva (escolar)

Editorial de la revista "Perspectiva Escolar"_ Asociación de Maestros Rosa Sensat

Foto: Joan Portell

Fuente: Editorial Perspectiva Escolar 395, Septiembre-Octuber 2017
Afirman voces autorizadas que en Cataluña estamos a las puertas de una tercera primavera pedagógica (tras la vivida en el primer tercio del siglo XX, que sería la primera, y del arropada entorno de la Escuela de Maestros Rosa Sensat durante el franquismo ), protagonizada por centros de nueva creación o con proyectos educativos singulares y liderazgos fuertes, que ha eclosionado a raíz del proyecto de Escuela nueva 21 y de Redes para el Cambio, pero también por la presencia plenamente consolidada de la Red de Educación Libre de Cataluña o el impacto del Horizonte 2020 de Jesuitas Educación. 

Todo ello ha contribuido a crear un imaginario colectivo favorable a la innovación y al cambio (sin más matices) que hace que los centros que no se apuntan parezcan quedar en la marginalidad o la antigüedad y que muchas familias anhela apuntar a sus hijos en aquellos que más han aparecido en los medios.

No es este el lugar para dibujar una cartografía de la innovación pedagógica que ordene toda esta efervescencia, pero sí nos parece oportuno aportar algunos criterios, algunas certezas y algunos interrogantes para -con toda modestia- hacer un poco de luz y ayudar a separar el grano de la paja, el marketing de la coherencia y la consistencia, la fe de la ciencia y de la justicia.
Hay unas pedagogías con fundamentos sólidos. Son pedagogías de la esencia, que tienen claro el modelo de persona que quieren ayudar a formar, que se adhieren sin rodeos a unos referentes vitales claros
Hay unas pedagogías con fundamentos sólidos. Son pedagogías de la esencia, que tienen claro el modelo de persona que quieren ayudar a formar, que se adhieren sin rodeos a unos referentes vitales claros, que otorgan un sentido a su acción y apuestan por radicalizar, hoy más que nunca, los valores fundacionales de la escuela pública: la emancipación del individuo, hacerlo capaz de pensar críticamente, de decidir por sí mismo, hacerse responsable de sus decisiones y acciones, capaz de vivir con los demás y -a través del diálogo, la negociación y la democracia- defenderse del mal, trabajar por el bien común y procurar ser feliz. Sería el caso, por poner un ejemplo emblemático, de la pedagogía Freinet: una pulsión ética y política diáfana; primacía de la actividad y la autonomía del aprendiz; creación de un medio educativo cálido y de trabajo; uso sin restricciones de las tecnologías disponibles; eclecticismo metodológico, y la cooperación como valor y como instrumento.

Foto, Joan Portell
Hay unas pedagogías que podríamos llamar cándidas -por Cándido de Voltaire-, que hacen una pedagogía y una escuela fuera del mundo, como si los condicionamientos socioeconómicos y culturales no contaran
Hay unas pedagogías que podríamos llamar cándidas -por Cándido de Voltaire-, que hacen una pedagogía y una escuela fuera del mundo, como si los condicionamientos socioeconómicos y culturales no contaran. Una escuela con reglas propias, donde lo que prima es el deseo y las emociones de los individuos, donde se renuncia a la intervención pedagógica explícita y directa para hacerlo de manera invisible y aparentemente inocua, donde parece que lo único que cuenta es la familia, los vínculos personales y el desarrollo interior de los niños, sin nunca entrar en conflicto con el entorno y con la realidad. Quizás el ejemplo más paradigmático de lo que queremos expresar encontraríamos en la pedagogía sistémica: ¿ciencia o pseudociencia? ¿Un nuevo determinismo genetista o un reconocimiento explícito del papel educador de las familias? ¿Pedagogía para creyentes y convencidos o al servicio de todo el mundo?
Hay pedagogías que podríamos calificar de populistas en el sentido que incluyen casi todo lo que hoy resulta atractivo, lo que parece políticamente y pedagógicamente correcto, lo que los medios y la opinión pública quieren oír
El tercer bloque de pedagogías las podríamos calificar de populistas en el sentido que incluyen casi todo lo que hoy resulta atractivo, lo que parece políticamente y pedagógicamente correcto, lo que los medios y la opinión pública quieren oír, sea cierto o falso, sea contrastado o no, y en el sentido que establecen una línea divisoria clara entre las pedagogías actuales y las del pasado, entre los centros que innovan y todos los demás. Trabajo por proyectos, competencias para la vida, poner al alumno en el centro, tener en cuenta las emociones, conectividad horizontal, trabajo globalizado e interdisciplinar, creatividad, aulas abiertas, pensamiento crítico, aprendizaje basado en problemas, trabajo cooperativo, inteligencias múltiples, neurociencia, dispositivos digitales, autoevaluación, coevaluación, excel • excelencia, calidad de los resultados, flexibilidad ... 

Son pedagogías que hacen bandera de su capacidad de adaptación a los nuevos tiempos, de su focalización en la metodología, en sintonía con los tiempos líquidos que vivimos, y que se alinean sin complejos con las prioridades dictadas por organismos como la OCDE : la planificación, el aprendizaje y la evaluación por competencias, una fijación por la evaluación estandarizada del alumnado, una potenciación de la autonomía de los centros y de las direcciones escolares, y una personalización del aprendizaje ...



Somos conscientes de que esta es una mirada discutible, simplificada y controvertida, pero podría ser un buen punto de partida para un debate más profundo, más fundamentado, más científico, social y políticamente comprometido, más plural y diversificado. Nosotros -y desearíamos que nuestros lectores también- estamos dispuestos. 

¡Buen curso 2017-2018!
















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