viernes, 1 de enero de 2016

La escuela rural en Asturias

O la falacia del ahorro que suponen las plazas privadas subvencionadas y la libertad de elección de Centro.




Publicaba el pasado mes de diciembre La Nueva España (para suscriptores), un reportaje centrado en la escuela rural asturiana, reportaje que podría ser aplicable a todas las escuelas rurales de nuestro país. En él se ofrecían varias informaciones y datos tan interesantes como los ofrecidos en el titular: El balance de la escuela rural asturiana: 1.924 alumnos y 344 maestros

No vamos a insistir ahora en la importancia de las escuelas rurales porque es obvio, pero sí podemos aprovechar esos datos para, una vez más, desmontar las falacias con las que se mueven quienes afirman que las subvenciones a centros privados suponen ahorro a las arcas del Estado porque sus plazas son más baratas (como si "a razón de catorce siete la media", fuera válido) y, por supuesto la falacia de la libre elección de Centro. 

¿Algún centro privado se instalaría en Pajares y se animaría a mantener escuelas con un número de alumnado no superior a cuatro? ¿Es esta la ratio profesor/alumno que mantendrían? Lo que supone mantener abiertas estas escuelas, ¿se tiene en cuenta cuando hacen sus cálculos sobre lo que se ahorra manteniendo los conciertos educativos?  

La respuesta a esta pregunta retórica sobre el coste de la plaza escolar ya quedó aclarada en el informe elaborado por el área de Educación de IU: "El coste de la plaza escolar en la pública y en la concertada", centrémonos entonces en el reportaje de LNE.

DATOS Y CIFRAS DE LA ESCUELA RURAL ASTURIANA


El reportaje se centra en el CRA de Lena y en la escuela de Pajares, la más pequeña de Asturias junto a las de Irrondo de Besullo y Mieldes, en el concejo de Cangas del Narcea. Cada una de ellas tiene cuatro alumnos, número mínimo, hasta ahora, para mantener la escuela, aunque el Consejero de Educación asturiano, Genaro Alonso, ha anunciado que mantendrá escuelas con menos de cuatro alumnas/os.  Casos que evidencian la importancia de mantener la docencia en los núcleos periféricos.

En esta revisión del panorama de la escuela rural asturiana, se recogen también algunos datos que explican, en algunos casos, el aumento de alumnado, sobre todo aquellos en que las familias por la crisis se ven obligadas a volver a los pueblos. Aumento que, especialmente en zonas próximas a núcleos urbanos mayores, también está claramente relacionado con el prestigio que día a día van ganando y con la calidad que ofrecen estas escuelas rurales.

El balance de la escuela rural asturiana: 1.924 alumnos y 344 maestros
LNE, 13 de diciembre

Pajares, E. G. // Los cuatro alumnos de Pajares tienen un apoyo docente que a simple vista puede parecer un despilfarro. No hay tal. Además de Ana Elvira Fernández, la tutora, pasan por la escuelina rural el profesor de Educación Física, la profesora de Religión, el profesor de Llingua Asturiana, la profesora de apoyo de Infantil, la maestra de Música y la de Inglés. 

Esta última, Lorena Riesco, cumple su primer año en Pajares. Viene de la escuela rural de Luiña, en Cangas del Narcea, pero estuvo tres años de profesora en un colegio del medio urbano madrileño. Como de la noche al día. Lorena es asturiana y está contenta en un nuevo destino que le permite trabajar a jornada completa. "Si no, no me hubiera traído cuenta", afirma. 

Siete maestros, pues, para cuatro alumnos. Las 94 escuelinas rurales asturianas dependientes de los 27 colegios rurales agrupados (CRA) de la región, escolarizan este año a 1.924 alumnos y dan trabajo a 344 maestros, muchos de ellos interinos. Los CRA conforman un modelo asturiano que nació en los noventa y que parece tener asegurado el futuro. Los CRA se mantienen pero el número de escuelas rurales a su alrededor tiende a menos desde hace años. Asturias es la única comunidad española que mantiene un número mínimo de cuatro alumnos para la apertura de la escuela. Aquí, la dispersión es un elemento a tener en cuenta a la hora de las programaciones escolares.

Rodrigo, Sergio y Sara van a la escuela "en skate, en bici o corriendo". El frío y la lluvia les importan más bien poco. La jornada comienza a las nueve y media de la mañana y termina a las dos y media de la tarde. En medio, a eso de las once, unos minutos para tomarse un tentempié. "Aquí procuramos que lo que traiga cada uno se pueda compartir con los demás". La regla se cumple escrupulosamente.

Mientras se toma el bocadillo, relajado durante el descanso, Rodrigo cuenta que tiene claro su futuro: "Yo quiero estudiar algo de electromecánica".

-¿Y eso?
-Arreglar máquinas, mirarlas por dentro y desarmarlas. Como mi padre.

La conversación vuelve al campo y la cosa promete: "¿Tener vacas qué es, un hobby o un trabajo?" Sergio dice que la ganadería es dura y que de hobby, nada de nada. Sara aprovecha el debate para pedir ayuda al periodista en busca de aclaración de un par de asuntos del control, sin perder la sonrisa cómplice, y Sheila dibuja mariposas "y a mi padre esquiando".

"Lo único malo de esto es la carretera, porque yo paso miedo" -dice Ana Elvira Fernández-. "Así que cuando hay poca visibilidad y me toca delante un camión, yo me digo: tranquila, paciencia, y detrás de él. Vengo siempre con tiempo suficiente, no hay problema".

Por las clases de Ana Elvira en Pajares pasaron niñas y niños "que ya están en la Universidad. El tiempo transcurre deprisa", aunque la vida del pueblo parezca detener el tiempo.

Pajares, la escuela más pequeña
LNE, 13 de diciembre


Oviedo, Eduardo GARCÍA // Los peajes excesivos dan vidilla al pueblo de Pajares, al que algunos habían enterrado cuando se abrió en su día el túnel del Negrón. Con la llegada de las nieves y la temporada de esquí, además, el pueblo acelera el pulso.

Pajares tiene escuela, una de las 94 de carácter rural, asociadas a los Centros Rurales Agrupados (CRA) que funcionan en Asturias. La escuela de Pajares es la más pequeña de Asturias junto a las de Irrondo de Besullo y Mieldes, en el concejo de Cangas del Narcea.

Es el número mínimo que se requiere para mantener abierta una escuelina rural o, al menos, lo era hasta ahora. La Administración regional estudia abrir campo para posibles excepciones. Las escuelas rurales ayudan a fijar población, a evitar en lo posible el desmoronamiento demográfico de una buena parte de la geografía asturiana. Hay muchas al límite, jugándose la supervivencia curso a curso, dependiendo del traslado de una familia, de un puesto de trabajo fuera de Asturias, de un cambio de domicilio.

Pajares sirve de ejemplo para explicar una parte vital del sistema educativo asturiano, no tanto en número como en significación. Depende del CRA de Lena, con sede en Campomanes. Cuando su director, Rafael Menéndez Secades llegó al CRA las numerosas escuelas rurales agregadas abrían a lo largo de todo el concejo. Hoy solo quedan dos: las de Zurea y Payares. Entre ambas suman 11 escolares de Infantil y Primaria.

La escuela de Pajares colinda con la iglesia y mira a la montaña. El escenario del recreo es el pueblo mismo y sobre todo el minúsculo parque donde Carlos, profesor de Educación Física conduce la clase cuando las condiciones meteorológicas lo permiten. "Y si no, a cubierto", como aconsejan los más de mil metros de altitud.

La escuela tiene "trastienda", un espacio que aún conserva, ya en desuso, viejos pupitres de madera y hierro con medio siglo de antigüedad. Una mampara divide espacios, y también épocas. La etapa de clase llena y la actual, en la que los reyes y reinas de la escuela se llaman Sheila García Álvarez (5 años), los hermanos Rodrigo (9 años) y Sara (7 años) González de Lena, y Sergio González Trigueros (10 años). La horquilla didáctica va desde tercer curso de Infantil hasta quinto curso de Primaria. En resumen, cuatro niños en cuatro cursos distintos.

Ana Elvira Fernández ya ha cumplido los sesenta años pero aún le queda un fleco de cotización para jubilarse. Conserva toda la fuerza docente, sin embargo. Es la tutora de la escuelina de Pajares y lleva en el cargo una década. "La mayor nevada que vi por aquí fue la del pasado febrero. Es que necesitamos hasta palas para retirar la nieve y poder entrar en clase. Nos ayudaron los vecinos pero la escuela se abrió", recuerda con orgullo.

Hoy toca control para los tres niños de Primaria, cada cual en su curso. A Sara le cae una pequeña bronca porque... bueno, digamos que lo llevaba prendido con alfileres: las partes del cuerpo humano. A cuatro alumnos los controla la tutora al minuto.

Sheila es lista como ella sola y va por libre por cuestiones de edad. Una vez a la semana recibe la visita de una profesora de Infantil, para apoyar esa etapa educativa. Enseña al periodista sus dos libretas donde ya aparecen pequeñas sumas y restas; frases escuetas y muchos dibujos.

La carretera nacional separa su casa del colegio, que está a tiro de piedra. Sus padres regentan el restaurante El Mirador, parada de camioneros, con habitaciones en la planta alta. Es posible que Sheila acabe la Primaria en su escuelina rural pero no depende de ella, ni siquiera de su familia. Depende del número futuro de escolares. En todo caso siempre le quedará el CRA de Lena en Campomanes donde los cuatro alumnos de Pajares bajan una mañana a la semana -los jueves- para participar en actividades con los demás niños.

La crisis obliga a muchas familias a regresar a los pueblos
LNE, 13 de dieciembre

Campomanes, E. G.  // En el CRA de Lena esperan a dos escolares más en Pajares. Son hermanos y su presencia podría garantizar la supervivencia del centro para tres años. Rafael Menéndez Secades, director del CRA, que podría estar jubilado si no le gustara tanto su profesión, pone sobre el tapete una novedad: "Hay movimiento, llegan familias con niños, en parte porque la crisis las empuja. Pierden sus empleos, cuesta trabajo pagar un alquiler y se acuerdan que aquí tienen una casa, la de sus padres o abuelos, un buen colegio, y transporte y comedor gratuitos".

Son 69 las matrículas de este año en el CRA de Lena, incluyendo los alumnos de las dos escuelinas rurales. Hay cantera porque solo en Infantil están apuntados más de veinte niñas y niños. El colegio rural agrupado de Lena tiene un lema: "En mi pueblo, sin nada que envidiar".

De los 69 alumnos 28 utilizan el transporte escolar a través de cinco rutas. Una de ellas asciende hasta Piñera, Jomezana y Espinedo, entre otros pueblos. En total 25 kilómetros para diez alumnos. Con ellos el sistema educativo echa el resto.


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